domingo, 21 de marzo de 2010

Expectorá o te cago a piñas

Aaaaa tengo un casi broncoespasmo, y no puedo expectorar. Tengo terribles ganas de comer un paty, una salchicha, o algo chatarra. Con Coca, obvio. Ayer que salí con Guido, me sentí tan bien, fue sentirse bien por primera vez en mi vida. Nunca senti tal sensacion linda, pura, natural y genial. En serio. Quiero que sea sábado de nuevo. El miércoles quizá salgamos, pero no al lugar habitual (ya saben cual es), sino salir por salir, ademas voy a estar con el señor Andrés, ESPERO (sino me voy a preocupar posta). No saben la paja que tengo encima, tengo que ordenar mi cuarto, tengo TODA mi ropa en el piso, no se donde metí el uniforme, si está seco, NO SE NADA. Ahhh ahi mamá me dijo que lavó todo ayer y que tengo uniforme. Gano Independiente! Ahora voy a ordenar la habitación porque se cae a pedazos. Les dejo un texto que tuve que escribir para Literatura 3 :

Marina ya no sentía lo mismo por Gabriel. La llama del amor que hacía que ella siga con él se venía apagando cada vez más y ya no sabía como esconderlo, tanto que, cuando Gabriel se fue a Bariloche por cuestiones laborales, Marina hizo lo que no debía hacer: serle infiel.
Los días pasaban desde la vuelta del joven y ella ya no sabía como ocultar tal mentira, es decir, ya no podía mirarlo a los ojos y decirle “te amo”, no podía seguir diciéndole que quería pasar su vida al lado de él, ya no podía.
El miércoles de esa semana, Gabriela tuvo la respuesta de una pregunta que le venía carcomiendo la cabeza: “¿Estoy embarazada?”. Ella y su aventura de una noche habían tenido relaciones sin protección, pero ella lo que menos pensaba fue que podía haberse contagiado de SIDA. Se hizo el test de embarazo, y para su alivio, no había otra vida con que cargar dentro suyo.
Pero el problema no era solo si estaba embarazada, sino si estaba infectada con el temido virus. Al día siguiente, fue para el hospital a hacerse el chequeo, totalmente nerviosa y con la expectativa de que no estaba contagiada. Una semana más tarde, llego el sobre a su casa con los resultados del examen, y lo temido estaba frente a sus ojos: su aventura de infidelidad le había dejado el SIDA recorriendo su cuerpo. Estaba atónita, shockeada, no podía pensar ni emitir palabra alguna, ya que esto la iba a poner en una situación de estar “entre la espada y la pared”.
¿Qué debía hacer? Si le contaba a Gabriel que le había sido infiel, corría el riesgo de que se enoje a tal punto de que le pida de terminar la relación, pero si seguía estando con él, corría el riesgo de contagiarlo. No sabía que hacer, no sabía si mentirle y ser egoísta para seguir teniendo a su amor a su lado, o decirle la verdad para que no corra tal riesgo.
Arregló para encontrarse con su pareja y decirle lo que había decidido hacer. Pero esa tarde algo la sorprendió y dio vuelta su mundo:
- Mari… perdón que te lo diga tan brusco, pero si no te lo digo así no te lo digo nunca más.
- Decime, – decía Marina tensa – yo también tengo algo que decirte.
- Te fui infiel, y ahora estoy contagiado de SIDA y tengo miedo de contagiarte a vos.
- ¿Es en serio lo qué me decís? Yo también estoy contagiada, te fui infiel durante tu viaje.
- Ah pero… yo te fui infiel hace cuatro meses, te debo haber contagiado yo
- ¡¿Qué?! ¡Me mentiste cuatro meses Gabriel! En cualquier momento me puedo morir por tu culpa y vos lo más tranquilo sin decirme lo que en realidad pasaba!
- (silencio incómodo)
- Entonces me contagie por tu culpa… Esta bien, ¿Sabés qué? Las mentiras no pueden estar en una relación, y si me mentiste con tal cosa yo no voy a soportar estar dudando de vos
- Pero…
- ¡No quiero peros! Esto se termina acá, no voy a seguir con vos sabiendo que en cualquier momento me podes volver a ser infiel. Dejame vivir en paz, no te quiero ver nunca más en mi vida, sos una basura
- Marina yo te amo!
- Yo no! Así que desaparecé de mi vista y no te vuelvas a cruzar en mi camino, desconsiderado!
- Fue lindo mientras duró, siempre te voy a recordar
Y lanzando una mirada lacerante, Marina se fue hasta su casa transitando las oscuras calles de Banfield, llorando y sin poder creer lo que pasaba. El mundo se había puesto color de gris.


Enjoy it!

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